Cuidar de alguien en casa implica mucho más que atender sus necesidades básicas. Y la movilidad es una parte esencial del bienestar, ya que influye en la circulación, el estado de ánimo y la calidad de vida de nuestro ser querido. Sin embargo, cuando una persona requiere apoyo para moverse, hacerlo de forma incorrecta puede generar riesgos tanto para quien recibe el cuidado como para quien lo brinda.
Aprender y aplicar técnicas de movilización y movilidad asistida permite realizar estos movimientos con mayor seguridad, comodidad y confianza. El objetivo no es solo trasladar a la persona, sino hacerlo respetando su dignidad y evitando lesiones.
¿Qué es la movilización y por qué es importante?
La movilización se refiere al conjunto de movimientos que se realizan para cambiar de posición, trasladar o ayudar a una persona a desplazarse dentro de su entorno. Puede incluir desde girarse en la cama, incorporarse, sentarse o ponerse de pie, hasta caminar con apoyo. En el contexto del cuidado de pacientes, estas acciones forman parte de la rutina diaria y son fundamentales para mantener el bienestar físico y emocional.
Realizar estos movimientos de forma adecuada no solo facilita las actividades cotidianas, también ayuda a prevenir complicaciones asociadas a la inmovilidad. Por ejemplo, movilizar a una persona en cama de manera regular contribuye a evitar rigidez muscular, mejorar la circulación sanguínea y reducir el riesgo de lesiones en la piel, como las úlceras por presión.
Además, la movilización tiene un impacto importante en la autonomía. Incluso pequeños movimientos o cambios de posición pueden ayudar a que la persona conserve cierta independencia y participación en su día a día. Esto influye positivamente en su estado de ánimo y en la percepción de control sobre su propio cuerpo.
Entender la movilización como parte del cuidado integral permite verla no solo como una tarea necesaria, sino como una herramienta para mejorar la calidad de vida, prevenir riesgos y acompañar a la persona de una manera más digna y respetuosa.
Principios básicos de una movilización segura
Antes de aplicar cualquier técnica, es importante considerar algunos principios básicos:
- Mantener la espalda recta y usar las piernas para hacer fuerza.
- Evitar movimientos bruscos o repentinos.
- Explicar a la persona lo que se va a hacer antes de moverla.
- Asegurar que el entorno esté preparado.
Estos principios son la base de las técnicas de movilización de pacientes, ya que ayudan a prevenir lesiones y a generar mayor confianza durante el proceso.

Preparar el espacio antes de movilizar
Un entorno seguro hace toda la diferencia. Antes de movilizar, dedicar unos minutos a preparar el espacio puede prevenir accidentes, facilitar el movimiento y dar mayor confianza tanto a quien cuida como a la persona que recibirá el apoyo.
Antes de comenzar:
- Retira objetos que puedan estorbar: tapetes sueltos, cables, mesas pequeñas o cualquier elemento que dificulte el paso puede aumentar el riesgo de tropiezos.
- Asegura una buena iluminación: ver claramente el recorrido, la cama, la silla o los apoyos cercanos ayuda a anticipar movimientos y reduce errores.
- Ajusta la altura de la cama o silla si es posible: trabajar a una altura adecuada facilita la movilización y disminuye la carga física para el cuidador.
- Ten a la mano todo lo necesario: almohadas, sábanas, apoyos, ropa o artículos de higiene deben estar listos antes de empezar para evitar interrupciones innecesarias.
Además, conviene verificar que la silla o superficie de destino esté firme y estable, que los frenos estén puestos si se trata de una silla de ruedas, y que el camino esté despejado. Estos preparativos sencillos forman parte de la prevención de caídas y permiten que cada traslado se realice de manera más ordenada, segura y tranquila.
Técnicas básicas de movilización en cama
Cuando la persona pasa mucho tiempo en reposo, es importante realizar cambios de posición de forma regular para prevenir molestias y complicaciones asociadas a la inmovilidad. Aplicar correctamente las técnicas de movilización de pacientes permite que estos movimientos sean más seguros, cómodos y menos demandantes físicamente para el cuidador.
Algunas recomendaciones son:
- Girar a la persona hacia un lado con movimientos suaves: se puede apoyar el movimiento doblando ligeramente una de sus piernas y acompañando el giro desde el tronco, evitando jalones bruscos.
- Utilizar sábanas o apoyos para facilitar el desplazamiento: las sábanas deslizantes o incluso una sábana común pueden ayudar a mover a la persona sin fricción, reduciendo el esfuerzo y el riesgo de lesiones.
- Evitar jalar directamente brazos o piernas: esto puede causar molestias o lesiones; siempre es mejor movilizar desde zonas más seguras como hombros, cadera o espalda.
- Mantener una comunicación constante: avisar cada movimiento permite que la persona participe dentro de sus posibilidades y se sienta más segura.
En actividades cotidianas como cómo bañar a una persona en cama, estas técnicas cobran aún más importancia, ya que implican movimientos adicionales en un entorno donde la comodidad y la estabilidad son clave. Realizar los cambios de posición con calma, respetando los tiempos de la persona, ayuda a que el proceso sea más digno y menos estresante para ambos.
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Movilización de cama a silla (y viceversa)
El traslado entre la cama y la silla es uno de los movimientos más frecuentes en el cuidado diario y también uno de los que requiere mayor atención para evitar lesiones o caídas.
Para hacerlo de forma segura:
- Coloca los pies de la persona firmes en el suelo: esto proporciona una base estable y facilita el impulso al momento de ponerse de pie. Si es necesario, ajusta la posición para que las rodillas queden ligeramente flexionadas.
- Acompaña el movimiento desde el tronco, no solo desde los brazos: sujetar desde la zona del torso o la cintura permite guiar mejor el movimiento y evita generar tensión innecesaria en brazos u hombros.
- Mantén contacto cercano para dar estabilidad: ubicarse frente a la persona o ligeramente de lado ayuda a sostener el equilibrio durante el traslado.
- Indica cada paso antes de realizarlo: contar “a la cuenta de tres” o anticipar el movimiento permite coordinar mejor el esfuerzo y genera mayor seguridad.
Además, es recomendable acercar la silla lo más posible a la cama, asegurarse de que esté firme y, si aplica, con los frenos activados. El movimiento debe ser continuo y sin prisas, respetando siempre el ritmo de la persona. La clave está en acompañar el movimiento, no cargar completamente el peso. Fomentar la participación activa, aunque sea mínima, ayuda a mantener la autonomía y hace que el proceso sea más cómodo y seguro para ambos.
Apoyo al caminar dentro de casa
Cuando la persona tu cuidado puede dar algunos pasos, es importante acompañar sin invadir su autonomía. Por ejemplo:
- Camina a su lado, no delante.
- Mantén un ritmo cómodo.
- Usa apoyos como bastones o andadores si es necesario.
Esto favorecerá la confianza y reduce el riesgo de accidentes.
Herramientas y apoyos que facilitan la movilización; y cuándo es necesario buscar ayuda
Contar con apoyos adecuados puede hacer una gran diferencia en la rutina diaria. Más allá de facilitar el movimiento, estas herramientas ayudan a realizar los traslados con mayor seguridad, reducen el esfuerzo físico del cuidador y brindan mayor estabilidad a la persona que recibe apoyo. Elegir bien estos recursos permite que la movilización sea más cómoda, digna y eficiente.
Entre las opciones más útiles se encuentran:
- Barras de apoyo: pueden colocarse en cama, baño o pasillos para dar mayor estabilidad al sentarse, levantarse o caminar dentro de casa.
- Sillas especiales para ducha o baño: aportan seguridad en un espacio donde el riesgo de resbalones suele ser mayor.
- Cinturones de traslado: ayudan a acompañar el movimiento con mejor sujeción, especialmente al pasar de cama a silla o al incorporarse.
- Andadores o bastones: útiles cuando la persona conserva cierta movilidad, pero necesita apoyo extra para mantener el equilibrio.
- Adaptaciones en el hogar: elevar la altura de una silla, despejar pasillos o ajustar la distribución de muebles puede facilitar mucho los desplazamientos diarios.
Además de estas herramientas, en la rutina del cuidado también puede ser útil contar con productos que aporten comodidad y protección, ya que esto permite enfocarse más en el bienestar y menos en los imprevistos durante la movilización.
Ahora bien, también es importante reconocer cuándo estos apoyos ya no son suficientes por sí solos. Hay señales que indican que se necesita ayuda adicional o valoración profesional. No dudes en buscar información o asesorarte ante estos casos o en caso de dudas.
- Cuando mover a la persona implica un esfuerzo físico excesivo.
- Si existe riesgo constante de caídas o pérdida de equilibrio.
- Cuando la persona presenta dolor al movilizarse.
- Si el cuidador empieza a sentir molestias en espalda, brazos o piernas.
- Cuando hay cambios notorios en la fuerza o la condición física de la persona.
Identificar estos momentos a tiempo también es parte del cuidado responsable. Pedir apoyo, incorporar nuevas herramientas o consultar con un profesional puede prevenir lesiones y hacer que la movilización en casa sea más segura para todos.
Finalmente, la movilización no es solo una acción física, también es un momento de interacción. Hablar con la persona, anticipar los movimientos y respetar su ritmo ayuda a que el proceso sea más cómodo y humano. Fomentar pequeños niveles de autonomía, incluso en actividades simples, también contribuye al bienestar emocional.
REFERENCIAS:
Infografía: Sugerencias de seguridad en el hogar para adultos mayores (2025)
https://www.nia.nih.gov/espanol/envejecer-hogar/sugerencias-seguridad-hogar-adultos-mayores
Viviendas amigables para personas adultas mayores (2023)
https://www.gob.mx/inapam/articulos/viviendas-amigables-para-personas-adultas-mayores?idiom=es
Técnicas de movilización y transferencias de pacientes (2012)
https://www.efisioterapia.net/articulos/tecnicas-movilizacion-y-transferencias-pacientes
Movilización del paciente (s.f.)