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Úlceras por presión: prevención en casa paso a paso

Cuando una persona pasa gran parte del día en cama, permanece sentada durante periodos prolongados o necesita ayuda para cambiar de posición, su piel requiere cuidados especiales. La presión continua sobre determinadas zonas del cuerpo puede afectar la piel y los tejidos que se encuentran debajo, por lo que observar, movilizar y mantener una buena higiene se vuelve parte importante de la rutina diaria.

Las ulceras por presión no siempre comienzan como una herida visible. En ocasiones, el primer indicio puede ser un cambio persistente en el color, la temperatura o la textura de la piel. Por ello, quienes acompañan y cuidan tienen una oportunidad importante para identificar cambios a tiempo y adoptar medidas que ayuden a proteger las zonas más vulnerables.

La prevención de ulceras por presión se construye con pequeñas acciones regulares. No se trata de convertir el hogar en un espacio clínico, sino de incorporar cuidados sencillos a actividades que ya forman parte del día, como el baño, el cambio de ropa, la higiene o los momentos de descanso.

¿Qué son las úlceras por presión y por qué aparecen?

Las úlceras por presión, también conocidas como lesiones por presión, son daños en la piel y los tejidos que pueden aparecer cuando una zona del cuerpo permanece sometida a presión durante demasiado tiempo. Son más frecuentes sobre prominencias óseas, donde existe menos tejido entre el hueso y la superficie sobre la que descansa la persona.

La movilidad limitada es uno de los principales factores de riesgo de ulceras por presión, pero no es el único. La fricción, el deslizamiento sobre la cama o la silla, la humedad constante, una nutrición insuficiente y determinadas condiciones de salud también pueden aumentar la vulnerabilidad de la piel.

Por esta razón, la prevención debe contemplar a la persona de manera integral. Cambiarla de posición es importante, pero también lo es revisar su piel, mantenerla limpia y seca, favorecer una alimentación adecuada y, ante todo, solicitar la orientación de un médico especialista cuando sea necesario.

Adulto mayor en casa, acostado, acompañado por su cuidadora.

¿Qué zonas del cuerpo necesitan mayor atención?

Las lesiones pueden aparecer en diferentes lugares dependiendo de la postura que la persona mantenga durante más tiempo. Los talones, tobillos, caderas, codos, hombros, glúteos y la zona del sacro suelen requerir especial atención.

En personas que permanecen acostadas durante periodos prolongados, también conviene observar la parte posterior de la cabeza y otras áreas que estén continuamente en contacto con una superficie.

No significa que necesariamente aparecerá una lesión en estas zonas, sino que vale la pena prestarles mayor atención durante la revisión cotidiana.

Paso 1. Revisa la piel todos los días

El baño, el cambio de ropa o la higiene diaria son buenas oportunidades para observar la piel de tu ser querido. Presta atención a cambios persistentes de color, temperatura o textura, así como a endurecimiento, hinchazón, sensibilidad o dolor.

Si detectas una zona sospechosa, evita frotarla o masajearla. Procura aliviar la presión sobre ella y solicita orientación profesional si el cambio persiste.

Paso 2. Favorece los cambios de posición

Permanecer mucho tiempo en una misma postura mantiene la presión sobre determinadas zonas del cuerpo. Por ello, es importante favorecer cambios de posición tanto en cama como al permanecer sentado.

La frecuencia debe adaptarse a la movilidad, estado de la piel y necesidades de cada persona. Al movilizarla, evita arrastrarla sobre las superficies y, si requiere ayuda considerable, solicita orientación de un profesional para hacerlo de manera segura.

Paso 3. Mantén la piel limpia y controla la humedad

La humedad constante puede hacer que la piel sea más vulnerable. Realiza una higiene suave, seca dando pequeños toques y cambia oportunamente la ropa húmeda.

Presta especial atención cuando existe sudoración o incontinencia, procurando evitar que la piel permanezca húmeda durante periodos prolongados.

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Paso 4. Reduce la fricción y el deslizamiento

Deslizarse constantemente en la cama o silla puede afectar la piel y los tejidos. Procura mantener una postura adecuada, las sábanas lisas y las superficies libres de pliegues u objetos.

Evita arrastrar o jalar a la persona al movilizarla. Si necesita apoyo considerable, un profesional puede enseñar técnicas más seguras.

Paso 5. Revisa también el espacio donde descansa

Mantén la cama, silla y ropa de cama limpias, secas y libres de elementos que puedan generar presión adicional.

En algunos casos pueden recomendarse colchones, cojines u otras superficies especiales para redistribuir la presión. Estos apoyos deben adaptarse a cada persona y no sustituyen los cambios de posición ni la revisión cotidiana de la piel.

Paso 6. Alimentación e hidratación también cuentan

Una alimentación equilibrada y una hidratación adecuada contribuyen al buen estado general y al cuidado de la piel.

Si notas pérdida de peso, poco apetito o dificultad para comer o beber, consulta con un especialista. Cuando existan restricciones de líquidos o necesidades nutricionales específicas, es importante seguir las indicaciones del médico.

Cuando existe incontinencia, la piel necesita atención especial

Los episodios de incontinencia pueden mantener la piel húmeda o exponerla a sustancias irritantes. Por eso, después de un episodio es importante realizar una higiene delicada, secar cuidadosamente y revisar si existe irritación o algún cambio.

Contar con productos Affective adecuados a las necesidades de absorción, ajuste y comodidad de la persona puede complementar esta rutina al facilitar el manejo de la incontinencia y ayudar a mantener la piel seca por más tiempo. Aun así, es importante realizar los cambios necesarios y revisar regularmente el estado de la piel.

El objetivo no es únicamente mantener la higiene, sino procurar que estos cuidados se realicen respetando siempre la privacidad, comodidad y dignidad de la persona.

Señales de alerta: ¿cuándo buscar atención médica?

Las úlceras por presión pueden comenzar antes de que exista una herida abierta. Por ello, es importante observar la piel y solicitar valoración médica si aparecen cambios persistentes o que empeoran, como:

  • Cambios de color que no desaparecen.
  • Una zona más caliente o fría que la piel cercana.
  • Endurecimiento, hinchazón o cambios en la textura.
  • Dolor o sensibilidad.
  • Ampollas o pérdida de piel.
  • Una herida abierta, secreción o mal olor.

No es necesario esperar a que la piel se abra para consultar. Si ya existe una lesión, el tratamiento para ulceras por presión dependerá de sus características y del estado general de la persona, por lo que se deben evitar remedios, cremas o apósitos por cuenta propia.

Si aparecen fiebre, aumento del dolor, inflamación, secreción, mal olor o un deterioro rápido de la zona, es importante buscar atención médica oportuna, ya que podrían indicar una complicación o infección.

Como hemos visto en el artículo, prevenir las úlceras por presión no depende de una sola acción. Observar la piel, favorecer cambios de posición, controlar la humedad, reducir la fricción y cuidar el estado general forman parte de una misma rutina.

Como cuidador, no necesitas diagnosticar una lesión ni resolverla por tu cuenta. Tu papel está en observar los cambios, acompañar las medidas preventivas y saber cuándo solicitar apoyo profesional.

Incorporar estos cuidados con constancia puede ayudar a proteger la piel y, al mismo tiempo, hacer que la atención cotidiana sea más segura, cómoda y respetuosa para todos.

REFERENCIAS:

Úlcera por presión (s.f.)

https://medlineplus.gov/spanish/pressuresores.html

Úlceras de decúbito (úlceras por presión) (2024)

https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/bed-sores/symptoms-causes/syc-20355893

Úlceras de decúbito (úlceras por presión)

https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/bed-sores/diagnosis-treatment/drc-20355899?utm_source

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