Cuando aparecen pequeñas fugas al reír, toser, correr o realizar algún esfuerzo, es común escuchar una recomendación: “haz Kegels”. Aunque este tipo de ejercicio puede ser útil en determinados casos, cuidar el piso pélvico va mucho más allá de contraer músculos repetidamente.
La técnica, la constancia y conocer qué necesita tu cuerpo son fundamentales. Incluso algo que parece tan sencillo como una contracción puede realizarse incorrectamente si no identificas los músculos adecuados o si haces más esfuerzo del necesario.
Por ello, antes de sumar repeticiones a tu rutina, vale la pena conocer mejor esta parte de tu cuerpo y dejar atrás algunos de los mitos más comunes.
Primero, ¿qué es el piso pélvico y para qué sirve?
El piso pélvico está formado por músculos y otros tejidos ubicados en la parte inferior de la pelvis. Entre sus funciones se encuentran brindar soporte a los órganos pélvicos y participar en el control de la vejiga y el intestino, además de intervenir en la función sexual.
Y no, no es algo exclusivo de las mujeres. Tanto hombres como mujeres tienen músculos del piso pélvico, aunque determinadas experiencias y condiciones pueden afectar su funcionamiento de diferentes maneras.
El embarazo y el parto, algunas cirugías, el envejecimiento y otros factores pueden influir en esta musculatura. De ahí la importancia de prestar atención a sus cambios y evitar asumir que las molestias o fugas simplemente tienen que aceptarse.

¿Qué tiene que ver el piso pélvico con las fugas de orina?
Los músculos de esta zona participan en el control urinario. Cuando existe debilidad o alguna alteración en su funcionamiento, pueden aparecer problemas como las fugas de orina.
Por ejemplo, algunas personas experimentan escapes al toser, estornudar, reír, correr, saltar o levantar algo pesado. En determinados casos, entrenar esta musculatura puede formar parte del tratamiento recomendado.
Sin embargo, no todas las fugas tienen el mismo origen. Por ello, los ejercicios de piso pélvico no deben considerarse una solución universal para cualquier problema de incontinencia.
Mitos y realidades sobre el piso pélvico
Hay muchos consejos alrededor de esta musculatura que se repiten como si funcionaran igual para todos. Revisemos algunos de los más comunes.
Mito 1. “Los ejercicios son solo para mujeres”
Realidad: hombres y mujeres tienen piso pélvico. Ambos pueden presentar alteraciones en esta musculatura y beneficiarse de una valoración cuando existen síntomas.
Mito 2. “Solo necesitas ejercitarlo si ya tienes fugas”
Realidad: conocer esta musculatura y aprender a utilizarla correctamente también puede formar parte del cuidado de la función pélvica en diferentes etapas de la vida.
Si ya existen fugas, lo importante es identificar qué las está ocasionando antes de asumir que únicamente necesitas fortalecer los músculos.
Mito 3. “Mientras más aprietes, mejores serán los resultados”
Realidad: más fuerza o más repeticiones no necesariamente significan un mejor entrenamiento. Una contracción adecuada debe realizarse utilizando los músculos correctos y permitiendo también que se relajen.
Realizar demasiados ejercicios o hacerlos incorrectamente puede no proporcionar los resultados esperados. Aquí la calidad importa tanto como la constancia.
Mito 4. “Debes cortar el chorro de orina para ejercitarlo”
Realidad: imaginar que detienes el flujo de orina puede ayudar a comprender qué músculos buscas activar y, en algunas indicaciones profesionales, interrumpir el flujo de manera puntual puede utilizarse para identificarlos. Sin embargo, hacerlo repetidamente mientras orinas no es una rutina de entrenamiento recomendada. Los ejercicios deben practicarse fuera del momento de la micción.
Mito 5. “Los Kegels funcionan para cualquier tipo de incontinencia”
Realidad: los ejercicios kegel pueden formar parte del manejo de determinados problemas de control urinario, pero la incontinencia tiene diferentes tipos y causas.
Si las fugas son frecuentes, lo adecuado es buscar una valoración que permita determinar qué sucede y qué estrategia puede ser más conveniente para ti.
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Mito 6. “Si no veo resultados rápidamente, no está funcionando”
Realidad: como sucede con otros músculos, los cambios requieren constancia. El entrenamiento del piso pélvico puede necesitar varias semanas antes de mostrar resultados perceptibles.
Si has sido constante y no notas cambios, tampoco significa que debas duplicar automáticamente las repeticiones. Puede ser un buen momento para revisar tu técnica con un especialista.
La técnica importa: aprende a reconocer los músculos correctos
Una manera de identificar esta musculatura es pensar en los músculos que utilizarías para evitar expulsar gases y detener el flujo de orina. La sensación debería ser de contracción y elevación, no de empujar hacia abajo.
Durante el ejercicio, procura respirar normalmente y evita tensar innecesariamente glúteos, piernas o abdomen. Después de cada contracción también es importante permitir que la musculatura se relaje.
No existe una rutina única que sea adecuada para todas las personas. La cantidad de contracciones, su duración y el tipo de entrenamiento pueden variar de acuerdo con las necesidades de cada persona.
Constancia antes que intensidad
Una vez que tienes una técnica adecuada, convertir el entrenamiento en un hábito puede resultar más útil que realizar muchas repeticiones ocasionalmente.
Puedes asociarlo con algún momento de tu rutina cotidiana que te ayude a recordarlo. Lo importante es mantener la regularidad y evitar aumentar la intensidad simplemente porque quieres obtener resultados más rápido.
En pocas palabras: buena técnica + constancia + tiempo pueden hacer que el entrenamiento esté mucho mejor orientado.
¿Y si no sé si lo estoy haciendo bien?
Es más común de lo que parece. Algunas personas contraen principalmente los glúteos o el abdomen, mientras que otras empujan hacia abajo cuando intentan activar el piso pélvico.
tienes dudas, tomar fisioterapia especializada puede ayudarte a identificar correctamente los músculos, conocer cómo están funcionando y aprender ejercicios adaptados a tus necesidades.
Un profesional también puede determinar si realmente necesitas fortalecerlos o si existe otro aspecto que deba trabajarse.
Fortalecer no siempre es la respuesta: también hay que saber relajar
Pensar en el piso pélvico únicamente en términos de fuerza deja fuera una parte importante de su funcionamiento. Estos músculos necesitan ser capaces de contraerse, pero también de relajarse.
En algunas personas puede existir demasiada tensión muscular. En esos casos, realizar contracciones repetitivas por cuenta propia podría no ser la estrategia adecuada.
Si tienes dolor pélvico, molestias durante las relaciones sexuales, dificultad para orinar u otros síntomas, conviene buscar valoración antes de iniciar o intensificar una rutina de fortalecimiento.
Mientras trabajas en ello, también puedes sentirte protegido
Mejorar el funcionamiento del piso pélvico puede requerir tiempo y constancia. Mientras avanzas en el proceso indicado para ti, no tienes que dejar tus actividades por miedo a experimentar una fuga.
Contar con una protección adecuada puede ayudarte a manejar esos episodios con mayor tranquilidad. Tus Active pueden acompañarte brindando absorción, comodidad y discreción mientras continúas con tu rutina, haces ejercicio, trabajas o disfrutas de tus planes.
La protección cumple una función diferente al tratamiento: ayuda a manejar las fugas cotidianas, pero no sustituye una valoración profesional ni el abordaje de su causa.
¿Cuándo buscar apoyo profesional?
Si tienes fugas frecuentes, dificultad para identificar los músculos correctos, dolor al realizar los ejercicios, molestias o presión pélvica, problemas para vaciar la vejiga o no notas mejoría después de mantener una rutina constante, vale la pena buscar orientación profesional.
Dependiendo de tus síntomas y antecedentes, un especialista en urología, ginecología o fisioterapia de piso pélvico puede ayudarte a identificar qué está sucediendo. La rehabilitación de piso pélvico puede incluir diferentes estrategias adaptadas a cada persona, por lo que no necesariamente consiste únicamente en realizar Kegels.
Buscar orientación o tomar fisioterapia tampoco significa que hayas hecho algo mal. Puede ser la oportunidad para conocer mejor tu cuerpo, corregir la técnica y encontrar un entrenamiento adecuado para tus necesidades. Porque cuidar tu piso pélvico no se trata de hacer más ejercicios, sino de aprender a hacer lo que tu cuerpo realmente necesita.
REFERENCIAS:
Ejercicios de Kegel: una guía práctica para mujeres (2026)
https://www.mayoclinic.org/es/healthy-lifestyle/womens-health/in-depth/kegel-exercises/art-20045283
Ejercicios de Kegel para hombres: conozca los beneficios (2026)
¿Qué son los ejercicios de Kegel? (2021)
Prevención de los problemas de control de la vejiga (incontinencia urinaria) y salud de la vejiga (2021)